20.8.10

Nos acostumbramos a lo fácil, a tal punto que se nos olvida soñar; no queremos esforzarnos ni luchar por lo que anhelamos alcanzar... Para muchos es mejor que caiga del cielo lo que se quiere y así poderlo disfrutar.
Nos acostumbramos a sufrir, convirtiéndonos en masoquistas y conformistas, creyendo que para ello hemos nacido, y que es lo que nos toca vivir. Nos ponemos en el papel de víctimas que buscan lástima y compasión, que el mundo entero nos tenga consideración.
Nos acostumbramos a reír, de tal forma que si algún día nos toca llorar, se nos viene el mundo encima, no sabemos que hacer ni que camino tomar, era mejor cuando todo era fácil y vivíamos para tener y gozar...
Nos acostumbramos a las personas que están a nuestro lado, transformando el amor en costumbre, cayendo en la rutina que acaba los detalles y mata la relación.
Nos acostumbramos a perder y antes de intentar algo sentimos que no lo vamos a realizar; nos rotulamos como fracasados, dudamos de lo que podemos hacer o lograr.
Nos acostumbramos a herir, hablar mal, a tal punto que hacemos daño al otro y destruimos corazones, porque consideramos que es nuestra manera de ser y de hablar, que le guste al que quiera y se aguante el que no la sepa aceptar...

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